miércoles, 13 de febrero de 2013

Carnaval y Educación

 Foro Caribe Siglo XXI
 (publicado el 12 de febrero en la página Editorial del Diario El Heraldo de Barranquilla) 


 De espaldas a la tradición de Momo

Por:  Jairo Soto Hernández
Docente Universidad del Atlántico
Muy a pesar de que el Carnaval es el más importante ordenador de la vida de la ciudad –no únicamente desde lo estético sino también desde lo social– que en él se mantienen danzas de gran tradición familiar, importantes manifestaciones musicales del Caribe y cientos de disfraces de los cuales estudiantes, docentes y padres de familia forman parte, el Carnaval está ausente en la mayoría de las instituciones educativas e involucrar sus contenidos al currículo pareciera una práctica extraña, quizá porque nos acostumbramos a verlo sólo como diversión, desorden, ron, música y verbena o porque el concepto de educación que se tiene no supera el ámbito rígido de las cuatro paredes del aula de clase. Si existen estas fortalezas creativas ¿por qué la sociedad en general y la escuela en particular le siguen dando la espalda al Carnaval como referente pedagógico para construir ciudad y ciudadanía y como elemento generador de sana convivencia en Barranquilla? El reto es asumir al Carnaval como un laboratorio pedagógico para la formulación de propuestas que aborden y asuman la realidad como contenedora de educación desde una perspectiva múltiple y diversa, que abra a los niños, niñas y jóvenes, la posibilidad no sólo de disfrutar la fiesta, sino de poder conocerla, respetarla y valorarla, al tiempo que se forman como ciudadanos de manera integral.


Y después de las fiestas ¿qué..?
  Por: Víctor Herrera Michel

Fue aleccionador asistir al primer Encuentro Nacional de Experiencias de Carnaval y Educación que se realizó recientemente en Barranquilla. Pues allí se expusieron vivencias de varias instituciones de educación –incluso de Bogotá– sobre este proceso cultural reconocido por la Unesco en función de la labor académica. Pero lo más importante es que pudimos comprender que el Carnaval no se puede limitar a los 4 días de cada principio de año y como antesala a la Semana Santa. Debe trascender y entonces como sociedad nos deberíamos preguntar: ¿Qué nos queda después de pasadas las fiestas? Sería muy triste y lamentable que solo resultaran guayabos, deudas, embarazos no deseados, delitos de todo tipo, abusos sexuales y maltrato intrafamiliar, entre otros. Es hora de saber qué papel juega el Carnaval –como elemento de integración social de mayor reconocimiento y significación en la ciudad– dentro de la construcción de ciudadanía de nuestras nuevas generaciones. Sobre todo porque es mucho lo que pudiera aportar en el currículo escolar en materias como historia, geografía, cultura, música, folclor, danzas, artes plásticas o filosofía. Y en la práctica de algunas de sus danzas puede formar valores como el sentido de pertenencia, la apropiación de lo nuestro, elevación de la autoestima, trabajo en equipo, relaciones interpersonales, tolerancia, respeto, etc.

viernes, 11 de enero de 2013

San Jacinto: una fiesta del pensamiento



“(…) los encantos de una tierra santa y un cielo divino,
donde bailan gaita y se toca la cumbia, eso lo sentimos”
Hernán “El corroncho” Villa
La cuna de Landero

En Colombia, siempre tenemos un motivo para celebrar, comer, beber y bailar, no importa cuál sea la época del año, siempre tenemos un reinado, feria, festival o carnaval en cualquier lugar de nuestra geografía. Los motivos de estos encuentros festivos son múltiples: la chicha, el mango, el arroz, la ciruela, el diablo, un santo patrono, etc. Pero en San Jacinto, en las montañas de María, en el primer puente festivo del año, el encuentro es con nuestras raíces, con el ser Caribe que habita en cada uno de nosotros. Allí la fiesta es del pensamiento, una tradicional cumbre del arte, la cultura y el conocimiento, la cual se realiza desde el 2007.

Este año, la séptima versión de la fiesta del pensamiento rindió homenaje al científico sanjacintero Regino Martínez-Chavanz, graduado como Doctor en Física de la Universidad de la Sorbona de París, con una tesis doctoral en el área de la relatividad general, y vinculado durante muchos años a la Universidad de Antioquia como Docente e investigador, radicado actualmente en la capital francesa, en donde se desempeña como investigador de la Universidad de París-VII. Sus aportes e investigaciones han tratado de llenar el vacío que tenemos en lo relacionado con la epistemología de la física en Colombia. Sus últimos años los dedica al interesante trabajo científico del también científico colombiano Julio Garavito

La programación contó con destacadas conferencias y conferencistas, entre las cuales vale mencionar la de Tomás Rada Crespo, docente de la Universidad del Norte, quien disertó acerca de “La investigación de la física en Colombia”, seguido por el filósofo Eduardo Bermúdez, docente de la Universidad del Atlántico, leyó su ponencia “Epistemología en Colombia en la perspectiva de  Regino Martínez” y por el sociólogo Jairo Solano con la charla “La epistemología de la física vista con ojos caribeños”, para finalizar la jornada académica matinal el joven estudiante de física de la Universidad nacional de Colombia Leonardo Vásquez Martínez. Se lució con la presentación de su ensayo “Elementos pedagógicos de la física en la obra Regino Martínez”. El cierre de la primera jornada estuvo a cargo del maestro Adolfo Pacheco Anillo, quien por solicitud el Doctor Martínez Chavanz interpretó tres de sus más recordadas composiciones: La Hamaca Grande, El Mochuelo y Lirio blanco.

Luego de un degustar un mote de queso, manjar de la gastronomía montemariana, emprendimos la jornada vespertina cuya apertura estuvo a cargo del cantautor Hernán Villa Ortega, popularmente conocido como “El Corroncho”, a quien se les hizo un reconocimiento por sus obras musicales, una de las cuales está incluida en el álbum ganador del reciente Grammy Latino en la modalidad Cumbia vallenato, Juan Piña. Desde Francia llegó el periodista y escritor Julio Olaciregui, quien presentó un recuento de su hermandad con el maestro Regino, la cual tituló “París: Amistad, ciencia y Mito”, seguido por el filósofo Numas Armando Gil, docente de la Universidad del Atlántico con el ensayo “Del Instituto Rodríguez a la Sorbona”.

Al caer la noche del sábado 5 de enero, en las instalaciones del Teatro Santa Isabel, la poesía se dio cita. Federico Santo Domingo de  Barranquilla,  Argemiro Menco Mendoza y Rene Arrieta de Cartagena, José Luis González, Antonio Dumett y Julio Sierra Domínguez de Sincelejo,  Alexandra  Adres de Tolú y el Maestro José Ramón Mercado de Ovejas.

Estando en la tierra de la hamaca grande, no podía faltar el espacio para los grupos musicales de gaitas y acordeones, de compositores y cantantes que tanta gloria le han dado a San Jacinto en escenarios nacionales e internacionales, se entregaron reconocimientos a importantes cultores del folclor Caribe, entre ellos, el acordeonero Rodrigo Rodríguez, ganador del reciente premio Grammy Latino en la modalidad Cumbia vallenato, en compañía de Juan Piña, al maestro Juan “Chuchita” Fernández, voz líder de los gaiteros de San Jacinto y premio Nacional de Cultura 2012, de igual manera de distinguió al maestro Antonio García  integrante de los auténticos Gaiteros de San Jacinto

El cierre de la séptima versión de la fiesta del pensamiento, espacio de diálogo y reflexión acerca del acontecer artístico y cultural de los pueblos de los Montes de María, preparada cuidadosamente por los miembros del Club Socio Cultural y Deportivo Los Maestros, con el liderazgo de Numas Armando Gil Olivera, Alfonso Hamburger y Tomás Vásquez, estuvo a cargo de los docentes e investigadores de la Universidad del Atlántico: Milton Zambrano Pérez, German Rodríguez Holguín, Adriana Carrasquilla y quien escribe estas líneas, quienes reflexionamos  acerca de la geografía y la cultura del caribe colombiano. El cierre a cargo de Samuel Reyes, con sus “Apuntes sobre el “corronchismo” y Wilfredo Rosales, “La biblia del vallenato”.

Definitivamente, estos dos días de oferta cultural gratuita, en donde se pudo disfrutar de expresiones artísticas para todos los públicos y para los amantes de todos los géneros del arte la cultura y el conocimiento, tiene la magia de hacernos prometer pronto regreso a tierras sanjacinteras.

espaciocaribe.blogspot.com

viernes, 4 de enero de 2013

Carnaval de Riosucio: fiesta a un Diablo alegre y gozón



A Norman Alarcón, diablito luchador

Una de las características culturales de Latinoamérica es el sincretismo religioso, el cual se inició con la llegada de los españoles, quienes traían su Dios propio y se encontraron con dioses distintos del suyo y con unos aborígenes cuya religiosidad no tenía nada que ver con los ritos, íconos, símbolos y creencias del cristianismo. Pero, además de Dios, los españoles también trajeron al diablo.

Antes que el diablo de los colonizadores llegara a América ya tenía una larga y amplia presencia en la cultura europea, de donde provenía. El diablo europeo fue transformado por la cultura indígena de tal manera que resulta irreconocible. Indígenas y afroamericanos no encontraron obstáculos para adaptar el simbolismo cristiano a sus propias maneras de ver e interpretar su mundo. Es probable que no comprendieran del todo los nuevos símbolos, pero los adaptaron a sus necesidades.

El diablo, como personaje festivo, tiene presencia en casi todo el territorio colombiano; casi siempre aparece danzando y cantando. Lo han visto en ceremonias de la Semana Santa, en la fiesta del Corpus Cristi y en todo carnaval o fiesta popular que se realiza por estos lares. Entre las más reconocidas presencias de Lucifer en la cultura colombiana se destaca el Carnaval de Riosucio (Caldas) una verdadera muestra de tradición en donde la realidad se burla y se altera a través de la magia de la danza, el disfraz, la palabra, la poesía y la música.

Los orígenes de esta fiesta declarada Bien de Interés Cultural de la Nación, se remontan a la época de la Colonia, fruto de la enemistad entre dos pueblos: Quiebralomo Real de Minas, población mulata, uno de los reales de minas más ricos de América en el siglo XVI administrado por los españoles al servicio del rey de España, y La Montaña, pueblo indígena, los cuales luego de un siglo de confrontación y gracias a la intervención de dos sacerdotes católicos, quienes amenazaron a los habitantes de los dos pueblos con la condena eterna de seguir en guerra, acabaron compartiendo territorio, dando así el origen a la actual población de Riosucio.

Para sellar el pacto de paz entre los dos pueblos, estos se juntaron en las festividades de Reyes Magos en 1847, mutando hacia la fiesta del diablo, uno mestizo que se nutrió de las danzas ancestrales africanas, de los ceremoniales indígenas al sol y la tierra, de la tradición de los europeos que venían en busca de la libertad y que vieron en América, su paraíso.

El Diablo de Riosucio recoge elementos del diablo judeocristiano, pero conceptualmente no está ligado a la significación del Mal, pues él es el guardián de la fiesta. El Carnaval de Riosucio se inicia en julio con el Decreto de instalación de la República del Carnaval y culmina en enero, con el Testamento, despedida del jolgorio que se hace con el Entierro del Calabazo y la Quema del Diablo, con lo cual se da fin al embrujo del “guarapo” o chicha fuerte de caña y se acepta el final del reinado del Diablo… hasta el próximo Carnaval.

El Carnaval está regido por un gobierno soberano, compuesto por presidente, alcalde y funcionarios, autoridades que deben ser obedecidas por propios y extraños. Es el encargado de emitir leyes con disposiciones que decretan paz, fraternidad y alegría. Además del Gobierno soberano, la República del Carnaval tiene en el matachín, el decretero, el voceador, el abanderado, los cuadrilleros y los dirigentes de la cuadrilla juvenil e infantil, sus personajes principales, al ser ellos los hacedores de la fiesta.

El Carnaval de Riosucio tiene lugar cada dos años alrededor del seis de enero y se estructura como un extenso poema dramático escrito colectivamente por los “matachines” o carnavaleros de más honda mística y capacidad literaria. El eje de la fiesta es el Diablo, pero no se trata de un Diablo religioso, ni tampoco es una fiesta anticristiana. El Carnaval no toca la religiosidad de los hombres, pues este diablo es el espíritu bueno de una tradición centenaria y custodio simbólico de la fiesta. Se le erige como figura central para luego quemarlo, en actos ceremonialmente juguetones, resultado de dos años de preparación en busca de mantener viva la tradición de un pueblo que vive y vibra al ritmo endiablado de su Carnaval.

E-mail: jairosotohernandez@hotmail.com

domingo, 30 de diciembre de 2012

El Almanaque pintoresco de Bristol: Un viaje a la nostalgia


En la esquina de la carrera Líbano con paseo Bolívar, frente al antiguo Edificio de Avianca, la brisa decembrina sopla como en ningún otro lugar de Barranquilla. Los vendedores, que por esta época aumentan sin control de autoridad alguna, pregonan sus productos, mientras la gente camina sin prisa. Ya no está el gigantesco anciano vendedor del agua e coco, ni los fotógrafos dispuestos a capturar en sus viejas cámaras la evidencia de una visita a Barranquilla, frente a la escultura ecuestre del Libertador con el fondo del Edificio de la Caja Agraria. Un niño de no más de 12 años me toma del brazo y me pregunta: ¿señor, ya compró el almanaque Bristol? Se trataba de la edición más reciente del Almanaque Pintoresco de Bristol, aquel librillo anaranjado de un contenido no mayor a 32 páginas en el cual se proyectan los pronósticos de los cambios lunares, los signos zodiacales, chistes, frases célebres entre otras curiosidades.

En segundos la nostalgia me envuelve en su manto, mientras las imágenes, en blanco y negro y con sonido monofónico, ruedan por mi mente. - Son mil quinientos, me dijo el niño. Saque un billete de dos mil pesos y se lo entregue. Muchos almanaques han caído en mi vida, pero menos que la cantidad de hojas blancas en mi cabellera. Al abrirlo noto que la publicidad parece congelada en el tiempo, con avisos sencillos de El famoso jabón de Reuter para mantener terso y lozano su cutis; el Agua Florida de Murray y Lanman, la legitima colonia que dejará fragante todo su cuerpo, y el Tricófero de Barry garantizando que con unas cuantas gotas diarias su cabello lucirá brillante y saludable

Mis hijos, Jairo Manuel, Enrique y Mauricio, quienes me acompañan en el recorrido decembrino por el centro histórico de la ciudad, no entienden el motivo de tanta emoción, me preguntan de qué se trata, intrigados al verme pasar y repasar cada una de las 32 páginas de librillo anaranjado.

Inicio por contarles que este legendario almanaque fue editado en New Jersey, Estados Unidos, que no ha cambiado absolutamente en nada, por lo que aún conserva su mismo diseño, color y presentación adoptado desde 1832, en su portada siempre muestra a Charles Bristol, creador del almanaque, un médico quien hizo del almanaque una especie de manual con el cual instruía a sus pacientes de la forma correcta de tomar los medicamentos; fue tan grande la popularidad del almanaque, que en 1856 la firma Lanman & Kem -Barclay compró la empresa y adquirió los derechos exclusivos del manual. A través del tiempo se convirtió en un almanaque que circuló inicialmente en Norteamérica y con los años en los países latinoamericanos.

La edición que tengo en las manos enfatiza en ser calculado para la República de Colombia y en ser una publicación de 181 años ininterrumpidos en el mundo entero. El almanaque pintoresco de Bristol se ha convertido en símbolo de la sabiduría popular, en él se ilustran los cambios de la luna, se cuentan chistes, se informa el santo de cada día, además uno que otro dato curioso.

Mis hijos, nacidos en la época de la Internet, los Ipad, y otras tecnologías de la información y la comunicación, seguramente no entenderán mucho la razón de tanto alboroto mío por tan pequeño librillo a blanco y negro, con chistes flojos y tan poca información, comparada con la disponible para ellos en el buscador Google; pero me justifican, Porque para ellos nada es igualable a la alegría de ver y sentir a su papá regodeado en sus nostalgias juveniles.

E-mail: jairosotohernandez@hotmail.com

miércoles, 26 de diciembre de 2012

El barrio: su historia y su gente

Con cariño al amigo Elíseo Cortina Grau


Dos razones me motivaron a tomar prestado este título, que corresponde al de un exitoso proyecto de investigación liderado por el docente y amigo Eliseo Cortina Grau en la institución educativa Helena de Chauvin del popular barrio las Nieves de la ciudad de Barranquilla, la primera brindarle un reconocimiento a través de “Cheo” como cariñosamente le decimos  al profesor Cortina, a ese grupo de maestros que lideran motu proprio procesos de investigación en la escuela con los cuales buscan la recuperación de la memoria colectiva de los habitantes del núcleo urbano básico, es decir el barrio; y la segunda resaltar los efectos positivos que tiene la indagación en los mismos ciudadanos sobre su pasado en función de que ellos configuren un discurso sobre su identidad, a partir de la consideración que la ciudad es memoria, y en ella se va acumulando la prodigiosa experiencia humana de todas las gentes que en ella han habitado.

En los últimos tiempos la ciudad asiste a un proyecto muy interesante en esta misma dirección se trata de Barrios Creativos, un Programa que viene desarrollando la Alcaldía Distrital de Barranquilla a través de su Secretaría de Cultura, Patrimonio y Turismo con el apoyo del Parque cultural del Caribe. Ya en el pasado El Archivo Histórico del Atlántico había ensayado una experiencia similar, y más recientemente en la Alcaldía de la Localidad Suroriente, se implementó el proyecto Historia de barrios… historias de vida, en el cual se capacitó a un grupo importante de docentes y estudiantes quienes realizaron trabajos de historia local, logrando de manera parcial el propósito fundamental de recuperación de la memoria colectiva barrial.

La conciencia histórica no se construye solamente enseñando el pasado estructural, fundacional y heroico de la formación de las naciones. Se requiere un contacto más concreto con el pasado de lo más próximo a la comunidad, a partir de la identificación de los hitos culturales y económicos que expliquen la situación del presente y generen tanto orgullo, como reconocimiento de las limitaciones de la propia comunidad. Al respecto el Historiador barranquillero Jaime Álvarez Llanos afirma que: “Esto se hace más expedito cuando se involucra a los actores comunitarios a un proceso de rescate de la memoria y se pasa por la restauración de las huellas del pasado que puedan constituirse en fuentes de información histórica. Tal restauración inspira la adquisición de la conciencia documental, es decir la disposición no sólo a rescatar las huellas sino a acostumbrarse a conservar y respetar las que se rescaten y las que se van creando con el transcurrir del presente

Esta tarea no resulta nada fácil, especialmente cuando las personas en los barrios manifiestan poco respeto y valoración por documentos del pasado, los cuales son asumidos muchas veces como “papeles viejos” basura, estorbos sin valor y casos se han visto en que esos tesoros, que hubieran podido ser básicos para la investigación histórica, como soporte de una conciencia ciudadana, de una identidad local, fueron arrojados a los basureros públicos, vendidos por arrobas a pulperos y recicladores de ocasión, o lamentablemente incinerados.

Si bien iniciativas como las citadas anteriormente resultan muy importantes para la restauración de la memoria colectiva, se requieren proyectos de investigación más sistemáticos liderados por las autoridades Distritales en asocio con el programa de Historia de la Universidad del Atlántico y las instituciones educativas del Distrito, para emprender los proyectos de investigación histórica escolar con los estudiantes como investigadores de los barrios donde viven su cotidianidad, para poder así sacar del anonimato a muchos de nuestros verdaderos prohombres, esos que a pulso lograron a través de la organización y lucha la materialización de sueños colectivos barriales como la construcción de una escuela, un puesto de salud e incluso la invasión, loteo y posterior consolidación de amplias zonas de la ciudad. Esas historias de los marginados, de los que no tiene voz, de los ausentes de las páginas sociales de los periódicos de la ciudad, de los invisibilizados en el otorgamiento de medallas y condecoraciones a los personajes del año, vale la pena desenterrar, para desde sus historias de vida edificar identidad..

Sin lugar a dudas, el barrio es el escenario de la formación del ciudadano, éste comparte con la escuela y la familia las fuentes de configuración de su personalidad, sus valores y sus imaginarios. De forma tal que para que los jóvenes pobladores sean protagonistas de la definición de su propio destino, se requiere generar escenarios de integración entre la escuela y el barrio. Las historias de barrio a través de proyectos de investigación dirigidos por docentes, ejecutados por los estudiantes bajo las orientaciones de los historiadores del programa de historia de la Universidad del Atlántico e implementando metodologías como la historia oral y alternativas temáticas como las historias de vida, no sólo pondrán en contacto al docente con la comunidad aledaña a la escuela, sino que, además, propiciarán un espacio de desarrollo intelectual y académico que contribuirá al crecimiento profesional del docente y personal del estudiante, sin olvidar el aporte que este tipo de experiencias puede significar en materia de fortalecimiento del patrimonio cultural, científico, intelectual y académico de las localidades, la ciudad y la región.

jairosotohernandez@hotmail.com

jueves, 29 de noviembre de 2012

Los ciudadanos no nacen se forman



La escuela, segunda institución socializadora después de la familia, juega un papel fundamental en la construcción de ciudadanía; en razón de ser la única institución que posee un amplio alcance en la mayor parte de sectores de la sociedad, siendo entonces el medio ideal para generar aprendizajes básicos para la convivencia pacífica y democrática, para lo cual se hace necesario poder contar con escuelas en donde se evidencien verdaderas prácticas ciudadanas.

La escuela como una organización social compleja, se debe posicionar como una entidad democrática y participativa, desde donde salgan propuestas como respuestas a las muchas problemáticas de la escuela misma y del contexto más próximo de ella, es decir la comunidad en donde está inserta.

Los docentes tienen el deber de pedagogizar la convivencia, la democracia, la participación, la diversidad, haciéndolas objeto de su reflexión: ¿cómo se enseñan y se aprenden? De igual forma darles un valor pedagógico como proyecto político de una sociedad determinada; pensarlas en el escenario concreto donde las personas viven su cotidianidad.

La formación, tanto en la familia como en la escuela, deben ser la herramienta fundamental para socializar a la persona con un sentido amplio de democracia, por tanto, lo primero que se debe establecer dentro de la familia, es educar al individuo dentro del sentido de responsabilidad hacia él y hacia su entorno (barrio, ciudad, región, país), para que de una manera participativa, solidaria y equitativa asuma sus deberes y derechos dentro de un ambiente de tolerancia y compromiso.

Es innegable como el debilitamiento del papel socializador de la familia afecta el proceso de socialización primaria, lo cual se evidencia con el ingreso cada vez más temprano de la niñez a la escuela, de la disminución del tiempo que los niños comparten con sus padres, en razón de la vinculación de éstos al trabajo, y por último, pero no menos importante la influencia de los medios masivos de la comunicación y la información (radio, televisión, internet, redes sociales, etc.).

Hoy, las prácticas pedagógicas y las acciones educativas no deben limitarse exclusivamente al rígido ámbito de una estructura cerrada de cuatro paredes o una escuela en particular, ellas deben ser un proceso permanente de reflexión-acción pedagógica en todos los escenarios en los que está inmerso el ser humano. Esto significa crear una escuela como ciudad y una ciudad como escuela.

Se busca en última, de asumir a los niños, niñas y jóvenes como ciudadanos, con el mismo convencimiento del educador Julio Adán Hernández  Montealegre (2003), cuando afirma que ellos pueden “(...) romper esquemas, trabajando para demostrar que también cuentan y que con su participación son capaces de apostarle a la esencia, a la historia y a las manifestaciones significativas de su colectividad”, ellos pueden mostrarnos lo que más le falta a la ciudad, nos pueden dar pistas, ideas para las soluciones, no se trata que ellos tengan las capacidades para planificar una ciudad, quizás no tengan las competencias para solucionar todos los errores que hemos cometido los adultos, pero desde la escuela y el Estado podemos darles el protagonismo que les corresponde como ciudadanos y usuarios de la ciudad.

En este sentido retomamos las siguientes reflexiones de Jesús Martín Barbero, cuando afirma que formar ciudadanos significa que la educación tiene que enseñar a leer ciudadanamente el mundo, es decir, ayudar a crear en los jóvenes una mentalidad crítica, cuestionadora, desajustadora de la inercia en que la gente vive, desajustadora del acomodamiento en la riqueza y de la resignación en la pobreza. Es mucho lo que queda por movilizar desde la educación para renovar la cultura política, de manera que la sociedad no busque salvadores, sino que genere sociabilidades para convivir, concertar y respetar las reglas del juego ciudadano.

Llevar la formación ciudadana a la escuela no significa generarle un nuevo espacio en el plan de estudios de la institución, convirtiéndola en una nueva asignatura, pues se corre el riesgo de que los estudiantes asuman sus contenidos académicos como una carga, de tal manera que la incorporación de estos temas como ejes transversales al currículo se revelan como una alternativa viable en procura de conectar la escuela con la realidad social, cultural y económica.

Correo: jairosotohernandez@hotmail.com

domingo, 26 de agosto de 2012

Uparlamento 2012: Visibilizando preocupaciones y esperanzas de la niñez de Puerto Colombia.



Uparlamento 2012, es una aplicación local de la metodología de trabajo propuesta por el Modelo de las Naciones Unidas. Con la asesoría de docentes y contando con el respaldo de los profesionales de la instituciones educativa, los estudiantes de 10º y 11º asumieron el rol de delegados, para lo cual participaron en debates y negociaciones en los que trataron temas de interés municipal relacionados con la niñez y la juventud, partiendo del planteamiento de situaciones problema hasta el planteamiento de posibles soluciones.

Los niños, niñas y jóvenes durante casi dos horas, con la presencia del alcalde de Puerto Colombia Carlos Altahona Arrautt, secretarios del despacho, candidatos al concejo municipal y líderes comunitarios, debatieron acerca de los derechos de la niñez y la juventud sobre la inseguridad en las calles en horas nocturnas, el expendio de drogas cerca a las instituciones educativas, el rescate de las tradiciones y el estado de las vías y parques en su localidad.

Uparlamento 2012, es una asamblea escolar conformada por estudiantes de la Unidad Porteña de Aprendizaje, evento educativo y cultural, con un altísimo valor pedagógico, con el cual se fomenta en la niñez el sentido de la autorresponsabilidad y la autoformación, la curiosidad intelectual y la investigación en temas locales, la solidaridad y el trabajo en equipo, y el respeto hacia la diversidad de opiniones, que seguramente serán de gran utilidad a lo largo de sus vidas.

La Unidad porteña de Aprendizaje UPA es la materialización de una propuesta pedagógica inclusiva, sistemática y exitosa, que desde hace 35 años busca generar una cultura que reconozca al niño como ciudadano. Es la formalización del proceso comunicativo – educativo Voz Infantil – Hola Juventud, orientado por el pedagogo Julio Adán Hernández, y que hace 12 años presta sus servicios educativos bajo la dirección de la educadora Ana María Rúa.

Uparlamento 2012 forma parte de una propuesta pedagógica integral que busca asumir a niños y jóvenes como ciudadanos, con el convencimiento que ellos pueden “romper esquemas, trabajando para demostrar que también cuentan y que con su participación son capaces de apostarle a la esencia, a la historia y a las manifestaciones significativas de su colectividad”, como menciona el profesor Hernández. No se trata que la infancia y la juventud tengan las capacidades para planificar una ciudad, quizás no tengan las competencias para solucionar todos los errores que hemos cometido los adultos, pero reconociéndoles el protagonismo que les corresponde como ciudadanos y usuarios de la ciudad, hilaremos con finas hebras nuestro raido tejido social.

En el marco de la más reciente sesión del Uparlamento fue impuesta la orden del Premio Simón Bolívar en la categoría de “Gran Maestro” al profesor Julio Adán Hernandez Montealegre. Distinción otorgada por el Ministerio de Educación Nacional, con el propósito de distinguir la trayectoria de las personas naturales o jurídicas que se destaquen en el campo de la educación, la ciencia y la cultura.

La ceremonia se realizó el pasado viernes 24 de agosto en el salón multifuncional de la alcaldía de Puerto Colombia, para dar cumplimiento a la voluntad del profesor Hernández, quien prefirió la calidez de los porteños a los helados salones capitalinos. El ministerio delegó la entrega de la distinción a Carlos Altahona Arraut, alcalde de Puerto Colombia, quien en un acto sencillo entregó la Resolución No 9336 del 10 de agosto de 2012 y la orden del Premio Simón Bolívar en la categoría de “Gran Maestro”.

Esta experiencia académica, humanamente y muy enriquecedora, dejó 25 ponencias presentadas por los participantes, primero en comisiones y luego en Asamblea General, con un buen nivel de oradores confiados y convincentes, compartiendo y defendiendo sus posturas, reclamando a las autoridades por los derechos de niños, niñas y jóvenes, visibilizando sus preocupaciones y esperanzas.

 
jairosotohernandez@hotmail.com